¿Qué necesitas saber sobre el Omega 3? 

 El Omega 3 es un ácido graso esencial, lo que significa que nuestro cuerpo no es capaz de producirlo por sí mismo y necesitamos un aporte externo por medio de la dieta o la suplementación.

Existen muchos ácidos grasos Omega 3, pero destacan el Ácido Eicosapentaenoico (EPA) y el Ácido Docosahexaenoico (DHA) por sus propiedades (que explicaremos a continuación).

Es beneficioso para todas las edades: desde los niños hasta la edad anciana. La evidencia científica avala sus efectos en todas las franjas de edad.

 No existe una dosis fija, sino que esta varía según edad, sexo y estado fisiológico (embarazo o lactancia, patologías cardiovasculares…) que ven aumentados los requerimientos. En la edad adulta, la ingesta diaria se sitúa aproximadamente en 1000mg para individuos sanos.

 Se encuentra en un amplio abanico de alimentos: desde el pescado y el aguacate, pasando por los frutos secos o semillas. Eso sí, ¡están en poca  cantidad!

¿Qué funciones cumple en el organismo?

 

Son los antiinflamatorios estrella: tanto DHA como EPA son precursores de la prostaglandina, hormona que controla la respuesta inflamatoria del organismo.

 Forman parte de la membrana celular, por lo que también poseen función estructural.

 Apoyan un correcto mantenimiento del cartílago y las articulaciones (previniendo la bursitis, degeneración macular o artrosis reumatoide) .

 Son fantásticos para los aficionados al deporte, puesto que lubrican las articulaciones y mejoran la recuperación post-entrenamiento.

Y más concretamente…

 El Ácido Docosahexaenoico (DHA) es imprescindible para el correcto funcionamiento neuronal, ¡puesto que supone un gran porcentaje del peso del cerebro! Sus requerimientos pueden verse aumentados en el embarazo y la lactancia, puesto que el feto necesita grandes cantidades de DHA para la síntesis correcta de su sistema nervioso. También es clave en la salud visual, ya que es uno de los componentes de la retina.

 El Ácido Eicosapentaenoico (EPA) regula los niveles de colesterol, disminuyendo el LDL (colesterol malo) y aumentando el bueno (HDL), mejorando así la salud cardiovascular

 

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